Las esporas también pueden producir alergias respiratorias

Las alergias, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), se están convirtiendo en un problema de preocupación mundial

Las esporas también pueden producir alergias respiratorias
Liberación de esporas. Concepto

Tiempo de lectura estimado: 10 minutos


Sergio Fuentes Antón, Universidad de Salamanca

Antígeno, anticuerpo o sistema inmune son palabras con las que, casi por obligación, ahora estamos familiarizados. Pero todos estos términos no son exclusivos de enfermedades víricas, sino que están implicados más directamente en otra enfermedad que se expande a una velocidad abrumadora: la alergia.

Las alergias, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), se están convirtiendo en un problema de preocupación mundial. El organismo prevé que en 2050 la mitad de la población será alérgica a alguna sustancia.

En anteriores artículos comentamos ciertos temas de interés sobre las alergias al polen y cómo afecta esta enfermedad en las ciudades. Pero hay otro tipo de partículas que también causan problemas respiratorios y que son mucho menos conocidas: las esporas.

Aliadas y, en ocasiones, también enemigas del ser humano

Las esporas, al igual que los granos de polen, permiten la reproducción de los hongos. Sin estas pequeñísimas partículas, algunos organismos, como mohos, levaduras y otros hongos más conocidos (como los boletus), no podrían existir. Como vemos, su existencia es necesaria para la biodiversidad, pero su presencia también puede ser problemática para la salud humana.

Las esporas más perjudiciales para la salud humana pertenecen casi exclusivamente a los mohos. Esas manchas negras que aparecen en zonas de mayor humedad, como el baño o la cocina, pueden llegar a ocasionar problemas respiratorios, asma bronquial y otras enfermedades micóticas como neumonía fúngica.

El interés por conocer y diagnosticar a la población alérgica a las esporas se ha incrementado en los últimos años al aparecer cada vez más frecuentemente cuadros clínicos que reflejan esta sensibilización. No obstante, debido a la gran variación de unas cepas fúngicas a otras y la gran variedad de alérgenos presentes en ellas, el proceso de identificación avanza lentamente.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

De los miles de hongos y esporas existentes, apenas una docena son realmente importantes para el ámbito sanitario. Y, aunque poco se sabe de ellas, a día de hoy hay cuatro que están bien estudiadas por investigadores y alergólogos.

En primer lugar, Alternaria es un tipo de espora muy conocido por médicos porque está tras la mayoría de alergias de este tipo en la población humana. Este organismo debe su abundante presencia en el aire a la gran variedad de sustratos sobre los que crece.

Estos hongos son parásitos de plantas y hortalizas y crecen donde hay abundante materia orgánica y extensiones de cultivos. La liberación de las esporas al aire sucede cuando las cosechadoras realizan su labor, agitando plantas como trigo o maíz violentamente.

Aunque podemos encontrar Alternaria en casi cualquier época del año, tanto en interiores como exteriores, su máxima presencia ocurre en verano, momento en el que la gran mayoría de cultivos se cosechan.

Esporas de Alternaria. Wikipedia, CC BY

Por descontado, al ser tan poco exigentes respecto a su medio de desarrollo, estas esporas se pueden encontrar en aquellos lugares donde la materia orgánica esté presente de forma abundante: cultivos, jardines, bosques… incluso en el interior de las ciudades.

Por otro lado, Cladosporium, otra de las esporas causantes de enfermedades respiratorias, es la espora más abundante en la atmósfera. En su época de máxima presencia llegan a contarse en cantidades de hasta un millón de esporas en un solo metro cúbico de aire.

Al igual que la anterior, el verano es la temporada en la que tiene su máxima presencia en el aire. Sin embargo, las altas temperaturas llegan a ocasionar la muerte de los hongos productores de esporas, pero como su número es tan masivo, apenas tiene efecto en el total de esporas producidas.

Las dos últimas protagonistas son Aspergillus y Penicillium, que se engloban dentro de una misma categoría, ya que es prácticamente imposible diferenciarlas a simple vista.

Además de causar alergias, estos dos pueden provocar otras enfermedades como aspergilosis y otras infecciones a humanos y animales.

Su número en la atmósfera puede llegar a ser muy elevado. En un artículo de 2019, se comprobó que las esporas Aspergillus y Penicillium eran las segundas más abundantes tras Cladosporium.

Este número tan alto se relacionó con la proximidad de las obras de un nuevo hospital, ya que la maquinaria, al mover grandes cantidades de tierra (hábitat principal de estas esporas), pudo provocar una gran liberación y suspensión de las mismas en el aire cercano al lugar de muestreo.

Tenemos en casa al enemigo

Hay que tener en cuenta que las esporas causan otro tipo de daños aparte de enfermedades respiratorias. Daños a cultivos, destrucción de ecosistemas, enfermedades al ganado y animales de compañía son solo algunos de los efectos más negativos de la proliferación de estas partículas.

Mientras que la alergia al polen puede afectarnos en mayor o menor medida cuando estamos en el exterior, las esporas pueden afectarnos en cualquier sitio, incluso en nuestra propia casa.

Las zonas húmedas o con condensación, como el baño o la cocina, son hábitats idóneos para que crezcan los mohos anteriormente citados. Asimismo, si tenemos plantas deberemos vigilar cada poco tiempo la aparición de manchas en hojas, evitando tener plantas secas como decoración.

Cómo podemos evitar la producción de estas esporas

La pandemia de covid-19 nos enseñó que la limpieza es la mejor solución para tratar con agentes patógenos como virus y bacterias. Pues los hongos no iban a ser diferentes.

Debemos estar alerta ante la aparición de estas manchas, ya que, debido a su crecimiento tan acelerado, en pocos días e incluso horas, estos organismos pueden colonizar una superficie sin que nos demos cuenta.

Uno de los mejores fungicidas existentes es la lejía, por lo que aplicar este producto en aquellas superficies más propicias para los mohos impedirá su desarrollo.The Conversation

Sergio Fuentes Antón, Profesor de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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