Cómo se elige a los amigos en el instituto

Un equipo de investigadores de varias universidades españolas ha descubierto que la personalidad no influye demasiado al escoger las relaciones sociales de amistad en la educación secundaría El trabajo, que ha utilizado técnicas de inteligencia artificial en el análisis, señala que estas elecciones se basan más en la cercanía de los contactos

Cómo se elige a los amigos en el instituto
Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

Tiempo de lectura estimado: 7 minutos


Fuente: UC3M
Derechos: Creative Commons.

Investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y la Universidad Loyola sugieren que la personalidad no influye demasiado a la hora de elegir las relaciones sociales de amistad en el instituto, las cuales parecen basarse más en la cercanía de los contactos.

El estudio, que han publicado recientemente en la revista PNAS, “se trata de un trabajo pionero en el sentido de que usa el machine learning o aprendizaje automático (una de las técnicas en las que se basa la inteligencia artificial) para predecir si entre dos personas hay una relación (buena o mala)”, según indica Anxo Sánchez, uno de los autores del estudio, catedrático de Matemáticas de la UC3M e investigador del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos (GISC).

Pero, más allá de esta predicción en sí, el artículo procura aportar información acerca de “cómo construimos nuestras amistades, al identificar las relaciones comunes y no las características personales como el principal motivo de estar conectados”, en palabras de Sánchez.

La investigación ofrece un análisis sobre las relaciones sociales del alumnado de 13 institutos de educación secundaria, incluye a más de 3.000 estudiantes y alrededor de 60.000 relaciones positivas y negativas declaradas, junto con pruebas de rasgos personales de los estudiantes.

“Podemos predecir con bastante precisión (del 90 %) si dos personas son amigas o se llevan mal, simplemente conociendo cuántos amigos y enemigos tienen en común”, explica el investigador.

“Nuestros resultados sugieren un mecanismo de nucleación de las relaciones sociales basado en rasgos individuales, seguido de un crecimiento y evolución de la red de amistades dominada por una influencia triádica (amigos, de amigos, de amigos)”, señala otra de las autoras del estudio, María Pereda, del departamento de Ingeniería de Organización, Administración de Empresas y Estadística de la UPM. “Esto sugiere que no solo nuestras amistades cercanas tienen un efecto en nosotros, sino que incluso personas que conocemos de manera indirecta pueden afectar nuestros comportamientos y decisiones. Este descubrimiento tiene implicaciones emocionantes para la forma en que entendemos la dinámica social y el papel que desempeñamos en ella”, añade.

El trabajo desafía la creencia común de que las amistades se basan en la similitud, es decir, la homofilia. Ahora, comprender una nueva dimensión de establecimiento de la amistad puede tener implicaciones importantes en cómo entendemos y construimos nuestros vínculos afectivos, especialmente en sociedades donde la homogeneidad cultural y de pensamiento puede ser muy valorada, según el criterio de los autores.

“Si las personas entienden que no necesitan ser iguales para ser amigos, podrían estar más dispuestas a buscar amistades con personas que tienen diferentes antecedentes, intereses y perspectivas”, argumenta Pereda.

“Además, si la homofilia no es lo único importante a la hora de crear nuevas relaciones sino que podemos conectar con otras personas simplemente porque son amigos de nuestros amigos, entonces aumentará la diversidad y, con ello, disminuirá la polarización”, indica Pablo Brañas, coautor y catedrático de Economía de la Universidad Loyola.

En el artículo se proporcionan, asimismo, datos y resultados útiles para la gestión de las aulas, los institutos y centros educativos. Por ejemplo, aquellos que permitan “saber cuándo unos estudiantes se pueden encontrar en una situación de riesgo de exclusión social, porque tienen pocas relaciones buenas y muchas relaciones malas”, indica José Antonio Cuesta, coautor y  profesor de Matemáticas de la UC3M.

“Detectamos muy bien cuál es el clima social de las aulas”, a través de “una foto completa de cómo se lleva la gente en el instituto y cómo son esas relaciones (que a veces desconoce el profesorado)”, destaca el experto. Gracias a ello, “se podría reorganizar esta cuestión para tratar de mejorar el clima social”, apunta. De hecho, la UC3M colabora en esta línea con una empresa de Zaragoza, Kampal, para producir un software que ayude a los orientadores de los institutos a intervenir en situaciones de vulnerabilidad.

Por último, el trabajo de investigación también podría tener implicaciones para la creación de políticas y prácticas en el lugar de trabajo. Por ejemplo, si los empleadores entienden que las diferencias entre los trabajadores pueden ser beneficiosas para la creatividad y el desempeño laboral, podrían fomentar la diversidad en sus equipos y ambientes de trabajo. En resumen, esta investigación puede ayudarnos a construir relaciones más saludables y productivas en nuestras vidas personales y profesionales.

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