En Doñana, el matorral y el pinar han colonizado las cubetas de las lagunas

Más de la mitad de las lagunas del Parque Nacional de Doñana han desaparecido en las últimas décadas. Estas se asientan sobre arenas permeables y su inundación se produce anualmente cuando la lluvia recarga el acuífero, que cubre un área aproximadamente cinco veces mayor que la del parque. En esta zona se desarrollan otras actividades económicas como la agricultura y el turismo

En Doñana, el matorral y el pinar han colonizado las cubetas de las lagunas
Imagen aérea de la laguna de Santa Olalla el pasado mes de septiembre, cuando se secó por completo. Se trata de la única laguna de agua permanente que queda en Doñana. / EBD-CSIC

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Fuente: EBD-CSIC
Derechos: Creative Commons.

“Nos atrevemos a rogar que proteja el coto de su inminente industrialización”. Con esta frase, parte de una misiva enviada a Franco, dio comienzo la aventura con la que José Antonio Valverde, Francisco Bernis, y Mauricio González-Gordon se propusieron salvar Doñana de su desecación y cultivo en 1952.

Su plan para proteger este espacio único los llevó a organizar una serie de expediciones, en las que trajeron a los naturalistas más ilustres de Europa. Entre ellos, se encontraba la élite de los ornitólogos ingleses, el considerado mejor fotógrafo de naturaleza de la época e incluso el primer director de la UNESCO.

Las llamaron Doñana Expedition y el plan era claro: salvar Doñana a toda costa.

Fruto de estas expediciones surgió el Retrato de una Tierra Salvaje (Guy Mountfort, 1958). El libro fue un éxito inmediato en Europa, y sirvió como propaganda para crear la WWF e iniciar el crowdfunding internacional con el que más tarde se lograría comprar y proteger Doñana, ya en 1969.

Lo que ya no cubre el agua 

Más de 50 años después de aquel propósito, nos encontramos ante una Doñana diferente, pero igual de amenazada. Lagunas como el Charco del Toro, en las que la Doñana Expedition describía la reproducción de aves acuáticas amenazadas mundialmente, hace años que desparecieron.

Matorrales, pinos y lavandas cubren lo que en otro tiempo hiciera el agua, mientras que, a menos de un kilómetro, las estaciones de bombeo de Matalascañas se afanan en abastecer al turismo de playa del agua que otrora alimentara a las lagunas.

Doñana es probablemente el humedal más importante de Europa. Su posición estratégica, a caballo entre Europa y África, hace que albergue una biodiversidad única en el mundo. Si bien Doñana es conocida fundamentalmente por su marisma, el Parque posee asimismo una red de más de 3.000 lagunas muy heterogéneas e interconectadas entre sí.

Estas características son responsables de que más de 600 especies distintas se encuentren presentes en ellas. Algunas de esas especies también se hallan amenazadas o son raras en el resto de su rango de distribución mundial. Y por esta razón, sus lagunas se encuentran protegidas como Hábitats Prioritarios (Código 3170) en la Unión Europea.

Las lagunas se asientan sobre arenas permeables, de modo que su inundación se produce anualmente cuando la lluvia recarga el acuífero de Doñana.

Al elevar su nivel freático, este acuífero inunda las pequeñas depresiones interdunares del Parque, creando esta extensa red.

Sin embargo, el acuífero cubre un área aproximadamente cinco veces mayor que el del Parque Nacional, y sobre ella se han desarrollado exponencialmente dos actividades socioeconómicas de gran importancia en la región: el cultivo de las llamadas berries y el resort turístico de Matalascañas.

Cuantificar el impacto en un territorio extenso

Durante décadas, numerosos artículos e informes científicos han advertido del riesgo que representan las extracciones para las lagunas de Doñana.

Ya en 1989, una misión conjunta de WWF, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN y ADENA advirtió de la desecación de las primeras lagunas asociadas al funcionamiento del resort turístico.

No obstante, todos estos trabajos siempre se han visto limitados por abordar solo unas pocas lagunas y no cuantificar el impacto conjunto de la agricultura y el resort. Por ello, investigadores ligados a la convención Ramsar reconocían, en 2022, que no había evidencias científicas que apoyasen la afección de Doñana por las extracciones de agua, salvo en aquellas zonas más cercanas a Matalascañas.

Esto nos ha llevado a investigarlo, durante el último año. Para ello, usamos imágenes del satélite Landsat tomadas entre 1984 y 2018, así como cartografías de las lagunas, a fin de estudiar sus tendencias y evaluar cuál es el papel del clima y el del hombre en lo que está sucediendo.

El resultado más inmediato que hemos obtenido es que, de todas las lagunas estudiadas que existían durante la década de los años 80 y los 90, el 59 % ha desaparecido. No solo es que ya no se inunden, es que el matorral y el pinar han colonizado las cubetas de las lagunas.

Hemos encontrado también que la climatología es muy importante, ya que determina cuánto y hasta cuando tendrán agua las lagunas. Pero una vez considerado el clima, la superficie cultivada de invernaderos se relaciona con una reducción del área máxima inundada de las lagunas de aproximadamente el 70 %.

El crecimiento del resort turístico también tiene un efecto negativo sobre las lagunas. Y más intenso, cuanto más cerca están las lagunas a las estaciones de bombeo. Incluso la actividad del club de Golf de Matalascañas tuvo un efecto negativo que nuestros modelos detectaron.

La consecuencia de todo esto es que entre el 80 % y el 83 % de las lagunas de Doñana se están inundando menos y por menos tiempo del que explica la climatología anual, siendo las extracciones de agua las causantes de esta anomalía. 

Por ello, en el reciente artículo “34 años de seguimiento con Landsat revelan los efectos a largo plazo de las captaciones de aguas subterráneas en un humedal declarado Patrimonio de la Humanidad”, que firmamos junto a David Aragonés y Carmen Díaz Paniagua, de la EBD-CSIC, y publicado a principios de abril en la revista científica Science of the total environment, concluimos que:

El sistema de lagunas de Doñana está gravemente afectado por las extracciones de agua, aumentando su susceptibilidad al cambio climático.

Es necesaria la adopción de medidas urgentes para impedir la pérdida de las especies que necesitan de este humedal para su supervivencia.

La regularización de más tierras para cultivo de frutos rojos, como pretende aprobar el gobierno autonómico, es incompatible con la conservación de este humedal.

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